Acerca de

DEUDA PUBLICA EXTERNA e INTERNA
DEUDA EXTERNA
Deuda con Organismos Internacionales. Nuevo Plan Brady.
Se propone negociar un nuevo Plan Brady por única vez con los organismos internacionales (FMI, Club de París, Banco Mundial, y otros). El Plan Brady, llamado así por su ideólogo Nicholas Brady cuando era Secretario de Hacienda de los EEUU, consistió en dejar de prestar dinero a países que luego lo mal utilizaban, o era malversado por funcionarios corruptos, y en su lugar prestarles un monto equivalente al 15% de la deuda total del país para adquirir bonos de la Reserva Federal a 30 años sin cupón de interés (Treassury bonds excuponeados en la jerga financiera, o cero cupón -baloon payment-), los cuales al no pagar intereses veían reducido su valor presente a un 15% de su valor facial. De este modo, un bono de USD 1,000 se compraba con USD 150. Al momento de su maduración o vencimiento, el bono efectivamente valdría a USD 1,000, monto que abonará la Reserva Federal cancelando el 100% del capital adeudado. Argentina, en aquella época debía USD 40mil millones, primer gobierno de Menem, por lo tanto, el FMI destinó USD 6mil millones para este plan que quedó depositado en garantía de los USD 40mil millones adeudados, pagando solo 4% anual frente al 16% que se venía pagando hasta ese momento. Menem más tarde decidió echar mano a esos bonos, y así dio por tierra con esta maravillosa solución que había eliminado la pesada deuda externa.
Deuda con Fondos o inversores privados:
Se propone hacer uso intensivo de nuestra capacidad de producir commodities, ofreciendo a países con grandes tenencias de bonos de deuda norteamericana (como China y Japón, principalmente), un canje de bonos americanos por un plan anual de exportaciones argentinas. Esos bonos son de difícil realización en gran volumen, si no se quiere afectar su valor y el equilibrio geopolítico actual. Países que sean fuertes importadores de commodities argentinos podrían estar interesados en un canje por el cual en un primer momento entregamos nuestra nueva moneda digital a cambio de dichos bonos, y con esa moneda digital dichos países abonarán anualmente un plan de compras quinquenal de commodities, el cual no supere un porcentaje determinado (30%?) del total producido para poder abastecer necesidades internas, así como a otros compradores. Sobre los saldos en pesos digitales no utilizados se abonará la misma tasa anual que rindan los bonos americanos recibidos. Esos países importadores se garantizarían así el abastecimiento de commodities a precio de mercado, pero abonando con papeles que hoy no podrían monetizar, disminuyendo así su endeudamiento global.
Con esos bonos canjearíamos los bonos argentinos en manos de acreedores, eliminando así deuda de capital y su porción de intereses anuales. Y los países “clientes” que participen del plan, habrán hecho el mejor uso de sus reservas en bonos, canjeándolos por commodities, vía divisas argentinas respaldadas en productos y servicios. Los exportadores locales siempre reciben moneda local, y con esta propuesta recibirán pesos digitales de alto y estable valor, con los cuales operar pagando muy bajos impuestos. Se podría eliminar así el total de la deuda externa y su atávica carga de intereses. Todos ganamos.
DEUDA INTERNA
DEUDA DEL TESORO EN PESOS. La eterna amenaza.
Para resolver la “bola de nieve” de los bonos de deuda en pesos del Tesoro Nacional, se ofrecerá un canje por bonos en pesos digitales que rendirán una tasa anual del 5%, reprogramando sus vencimientos dentro de los próximos 5 años, con vencimientos trimestrales de intereses y capital. Esos bonos se podrán entregar en garantía de créditos que el sistema bancario aceptará sin dudar, y sus amortizaciones monetizarán la economía.
Los tenedores de la actual monumental deuda 35% privados y 65% estatal (incluídos municipios). Se podrá priorizar los primeros vencimientos para privados, y los siguientes para los organismos del Estado. La emisión resultante al cancelar estos compromisos, se considerará a cuenta de la emisión por crecimiento del PIB anual.
Se terminará así con la permanente amenaza de que ese enorme volumen de dinero demande dólares, haciendo volar por los aires el tipo de cambio, con el nefasto impacto que eso produciría sobre toda la población.
Los pesos físicos canjeados serán atesorados por el Banco Central, quien los administrará tipo cuasi moneda, financiando el déficit público hasta su total eliminación. De este modo, se podrá administrar este cambio radical en la economía de la Nación, evitando los conflictos sociales que produciría la eliminación inmediata del déficit fiscal, y sin ensuciar la nueva moneda.
Las tasas en pesos físicos que se abonan actualmente se desplomarán a un dígito, en línea con la nueva política monetaria, sin inflación ni ajustes. El que desee quedarse en pesos físicos podrá hacerlo, pero sabrá que ya habrá perdido la posibilidad de adquirir dólares u otras monedas extranjeras, salvo la conversión extra mensual del 1%. Se evitará una corrida contra el peso ya que habrá un plazo durante el cual todos podrán canjear sus pesos físicos por digitales al BCRA a un cambio fijo predeterminado de mercado. Tener presente que el Peso Digital cotizará uno a uno contra el dólar, de modo que su equivalencia con el peso físico dependerá del precio del dólar contra el mismo al momento de su canje por digitales.
El plazo inicial solo regirá para los saldos bancarios disponibles en ese período. Los plazos fijos u otros activos monetarios se podrán canjear por pesos digitales a sus respectivos vencimientos, siempre que hayan sido registrados y ofrecidos para canje dentro del período inicial.
La “bola de nieve” de la deuda que mantuvo por años el Banco Central, luego pasada al Tesoro Nacional, es siempre una amenaza existencial por el riesgo de que quieran pasarse a dólares que no tenemos, lo cual podría hacer saltar por los aires el tipo de cambio, afectando gravemente a toda la economía. Es una locura permitir esta situación auto-inflingida. Pero se debe proteger el derecho de propiedad de los acreedores (en parte privados, en parte públicos), sin hipotecar el futuro de la población.
Solución: convertir esa deuda en pesos físicos a pesos digitales, y reprogramar su cancelación a 5 años, con una tasa de intereses del 5% anual y amortización trimestral. Los bonos resultantes se podrán entregar en garantía de créditos que el sistema bancario aceptará sin dudar.
Los tenedores actuales son aproximadamente 35% privados y 65% estatales (incluídos municipios). Se podrá priorizar los primeros vencimientos para privados, y los siguientes para los organismos del Estado. La emisión resultante al cancelar estos compromisos, se considerará a cuenta de la emisión por crecimiento del PIB anual.
ATENCION! La postergación de los vencimientos propiedad del Estado aquí propuesta, trae a la mesa un asunto crítico: El Estado, cual administrador, debe recaudar para cubrir gastos corrientes e inversiones en infraestructura, o cancelar deuda e intereses, pero no acumular dinero como si fueran entidades privadas. Esa fenomenal acumulación de casi tres bases monetarias que conforma el 65% de la demoledora deuda fiscal actual, habla a las claras de una excesiva carga fiscal en impuestos que se podrían eliminar. Un ejemplo de esto son los municipios de la provincia de Buenos Aires, que en su mayoría mantienen miles de millones invertidos en el sistema financiero, siendo La Matanza, el municipio que más dinero detenta!!! Y a pesar de ello, aumentan las tasas por supuestos servicios que no prestan.